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Lula logró defender a Pix de los ataques de Trump y la billetera estatal es un ejemplo de soberanía monetaria
Mientras en Argentina el avance de los pagos digitales quedó liderado por empresas privadas, Brasil construyó una infraestructura pública que hoy domina el sistema financiero. A cinco años de su lanzamiento, Pix se convirtió en el principal medio de pago electrónico del país vecino y es señalado por especialistas como uno de los mayores avances recientes en materia de soberanía monetaria.
Como en otras iniciativas estratégicas, Lula logró defender el sistema pese a los ataques de Trump. La experiencia fue analizada por Cecilia Allami y Marcelo Bruchanski, investigadores y docentes de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), quienes destacaron que el sistema desarrollado por el Banco Central de Brasil modificó la estructura de los pagos y fortaleció la capacidad de intervención del Estado sobre el sistema financiero.
La diferencia con Argentina no es menor. Mientras el mercado local se organizó alrededor de actores privados, especialmente Mercado Pago, Brasil eligió que la infraestructura crítica quedara bajo control de la autoridad monetaria. El resultado son dos modelos distintos de desarrollo financiero.
Según explica el economista Rudrá Balmant de Moura, investigador de la Universidad Federal de Río de Janeiro, el Banco Central brasileño llegó a una conclusión contundente en 2018: el sector privado no sería capaz de coordinarse para construir un sistema abierto e interoperable de pagos instantáneos. Frente a ese diagnóstico decidió tomar la iniciativa y liderar directamente el desarrollo de la plataforma.
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La decisión implicó que el regulador abandonara un rol meramente supervisivo para transformarse también en operador. El Banco Central creó el Sistema de Pagamentos Instantâneos (SPI), encargado de liquidar operaciones en tiempo real, y el Directorio de Identificadores de Cuentas Transaccionales (DICT), que administra las claves utilizadas por millones de usuarios.
El crecimiento fue explosivo. De acuerdo con los datos recopilados por Balmant de Moura, durante el tercer trimestre de 2025 Pix concentró el 53,4 por ciento de todas las transacciones electrónicas realizadas en Brasil. Las tarjetas de crédito y débito, históricamente dominantes, quedaron relegadas a una participación cercana al 30 por ciento.
La comparación con Argentina expone la diferencia de modelos. Mientras Pix es una infraestructura pública que concentra más de la mitad de las operaciones electrónicas del país, la digitalización de los pagos locales quedó concentrada principalmente en Mercado Pago. En una de las disputas más fuertes del sector, MODO llegó a denunciar que la fintech de Mercado Libre concentra cerca del 80 por ciento de los pagos electrónicos minoristas del país.
La discusión, por lo tanto, no pasa por la eficiencia tecnológica. Tanto Pix como Mercado Pago lograron masificar los pagos digitales y modificar hábitos de consumo. La diferencia aparece cuando se observa quién controla la infraestructura sobre la que circulan esas operaciones.
El ex ministro de Hacienda de Brasil, Fernando Haddad.
Para Allami y Bruchanski, el caso brasileño muestra que la innovación financiera no necesariamente debe surgir desde el sector privado. Por el contrario, el Estado puede actuar como diseñador y operador de herramientas estratégicas cuando considera que existen fallas de coordinación que el mercado no puede resolver por sí solo.
Los beneficios no se limitan a la velocidad de las transferencias. Al centralizar la infraestructura de pagos, el Banco Central obtiene información en tiempo real sobre la dinámica económica, fortalece su capacidad de supervisión y mejora la coordinación de políticas públicas vinculadas al sistema financiero.
Además, Pix se transformó en una plataforma sobre la que Brasil ya proyecta nuevos desarrollos. Entre ellos aparece la posibilidad de avanzar hacia una moneda digital emitida por el propio Banco Central, una iniciativa que varios países estudian pero que pocos tienen condiciones operativas para implementar.
La experiencia deja una conclusión incómoda para los defensores de la desregulación absoluta. El sistema que hoy procesa más de la mitad de los pagos electrónicos de Brasil no fue creado por un banco privado, una fintech ni una empresa tecnológica. Fue diseñado por el Estado después de que el propio Banco Central concluyera que el mercado no iba a hacerlo.
Mientras tanto, Argentina avanzó por el camino inverso y dejó que el liderazgo de la revolución de los pagos quedara en manos de un actor privado que hoy ocupa una posición dominante dentro del ecosistema financiero.
Esta nota fue publicada en el portal LaPolíticaOnline. Leer más